Durante las últimas semanas, los inversionistas habían comenzado a cuestionar dos temas que parecían incuestionables: la capacidad de las grandes compañías tecnológicas para rentabilizar las enormes inversiones que están realizando en inteligencia artificial y la capacidad del mercado para anticipar las próximas decisiones de la Reserva Federal.
Durante las últimas semanas, los inversionistas habían comenzado a cuestionar dos temas que parecían incuestionables: la capacidad de las grandes compañías tecnológicas para rentabilizar las enormes inversiones que están realizando en inteligencia artificial y la capacidad del mercado para anticipar las próximas decisiones de la Reserva Federal. La buena noticia es que, al menos parcialmente, comenzaron a aparecer algunas respuestas.
Por un lado, la temporada de resultados corporativos volvió a entregar cifras sólidas. Empresas como Microsoft y Amazon mostraron que las fuertes inversiones de capital (CAPEX) destinadas al desarrollo de inteligencia artificial no solo siguen creciendo, sino que también comienzan a reflejarse en mayores ingresos y mejores perspectivas para sus negocios. Esto permitió recuperar parte de la confianza que se había perdido durante la reciente corrección de las empresas de semiconductores y dio un nuevo impulso al sector tecnológico hacia el cierre de la semana.
Sin embargo, el mercado también dejó claro que ha cambiado su forma de evaluar a las compañías. Hace algunos meses bastaba con anunciar grandes proyectos relacionados con inteligencia artificial para generar entusiasmo. Hoy eso ya no es suficiente. Los inversionistas quieren ver resultados concretos, crecimiento de ingresos, generación de caja y evidencia de que esas inversiones efectivamente crearán valor en el tiempo. En otras palabras, las promesas dan paso a las demostraciones.
Algo similar ocurrió con la Reserva Federal. Si bien el banco central mantuvo las tasas de interés sin cambios, la reunión dejó una sensación poco habitual. Durante los años en que Jerome Powell estuvo al frente de la Reserva Federal, el mercado se acostumbró a recibir señales bastante claras sobre cuál sería el próximo movimiento de la Fed. Ahora, bajo la presidencia de Kevin Warsh, eso ha cambiado. La institución ha optado por entregar muchas menos pistas y dejar que sean los propios datos económicos los que hablen. Esto obliga a los inversionistas a interpretar por sí mismos cada cifra de inflación, crecimiento y empleo, aumentando la posibilidad de sorpresas y episodios de mayor volatilidad.
Afortunadamente, el contexto también entregó algunas noticias favorables. El precio del petróleo retrocedió ante nuevas conversaciones entre Estados Unidos e Irán, reduciendo parte de las preocupaciones inflacionarias que habían dominado las semanas anteriores. Al mismo tiempo, la economía estadounidense continúa mostrando una actividad relativamente sólida y la inflación sigue moderándose gradualmente, factores que entregan cierto respaldo al escenario económico.
Ahora toda la atención se traslada al mercado laboral estadounidense. Este viernes se conocerá el reporte oficial de empleo, uno de los indicadores más importantes para la Reserva Federal. Con un banco central que entrega menos orientación que en el pasado, este tipo de datos adquiere un protagonismo mucho mayor, ya que puede modificar rápidamente las expectativas sobre las futuras tasas de interés.
Después de varias semanas de dudas, el mercado comienza a recuperar parte de la confianza. Pero esa confianza ya no se construye sobre expectativas o discursos, sino sobre evidencia. Las empresas deberán seguir demostrando que sus inversiones son capaces de generar resultados y la economía deberá confirmar que mantiene un equilibrio entre crecimiento e inflación. Ese será, probablemente, el verdadero desafío de los próximos meses. Nos vemos la próxima semana.