El mercado volvió a moverse como si caminara sobre una cuerda floja: un paso en falso y el ánimo se desploma; una frase más conciliadora y el apetito por riesgo reaparece de inmediato. El gatillador fue Groenlandia.
Bastaron las amenazas de nuevos aranceles contra Europa —y el ruido de un posible uso de la fuerza— para que, en los primeros días de la semana pasada, se vieran caídas claras. Pero el guion cambió cuando Donald Trump moderó el tono en Davos, donde descartó explícitamente el uso de la fuerza. Con ello se abrió una tregua que permitió a las bolsas recuperar la mayor parte de las pérdidas iniciales. El mercado respiró, aunque no se relajó: lo que quedó fue una sensación incómoda de poca visibilidad, típica de cuando el “titular” manda más que el “fundamental”.
En esa montaña rusa nació —o volvió a ponerse de moda— un concepto que describe bien el clima actual: el TACO trade (Trump Always Chickens Out), la apuesta a que “Trump siempre se echa atrás”. En su versión optimista, el mercado interpreta que la estrategia es siempre la misma: amenazar fuerte, tensar la cuerda y luego bajar el volumen para obtener concesiones. En su versión más prudente, la lectura es distinta: no es que se echa atrás, sino que está midiendo hasta dónde puede empujar sin romper nada… todavía. Por eso, aunque los índices recuperaron terreno, el trasfondo no es de euforia, sino de cautela.
Los números de la semana reflejan bien ese equilibrio inestable. A mediodía del viernes, las bolsas globales terminaban levemente a la baja, pese a haber borrado gran parte del golpe inicial. En tasas, el Treasury a 10 años subió hasta alrededor de 4,24%. Sin embargo, el movimiento más llamativo estuvo en los activos refugio: el oro superó los US$5.000 por onza, una señal clara de que, aun con bolsas firmes, la demanda por protección sigue viva.
Hoy comenzamos la última semana de enero con un balance mensual todavía positivo, pero con avances poco convincentes y un tono marcadamente prudente. El mercado no está celebrando; está administrando.
La semana viene cargada de catalizadores. El evento central será la decisión de la Reserva Federal el miércoles 28 de enero. El consenso espera una mantención de tasas, pero el foco estará en el mensaje y en cualquier matiz que anticipe el rumbo de la política monetaria en los próximos meses. En paralelo, el PIB de la eurozona completa un calendario que podría amplificar la volatilidad.
En el frente corporativo, la atención se concentra en los resultados de las grandes tecnológicas —Microsoft, Meta, Tesla y Apple— y en compañías como General Motors y UnitedHealth, que suelen ofrecer señales tempranas sobre el estado del consumo y del sector salud.
En síntesis, el mercado sigue mostrando resiliencia, pero no complacencia. Acciones firmes, refugios caros y un trasfondo político que obliga a gestionar las decisiones con disciplina. Más que un titular aislado, esta semana será la suma de señales la que marque el tono con el que los mercados entren en febrero.