Vizcaya Weekly

Haciendo malabares

Durante los últimos meses, los mercados han tenido que acostumbrarse a convivir con muchas variables al mismo tiempo. Inteligencia artificial, inflación, guerras, aranceles y tasas de interés compiten constantemente por la atención de los inversionistas.

Alan Levi
28.7.2026

La semana pasada fue un buen ejemplo: mientras las empresas continuaron mostrando resultados sólidos, el petróleo volvió a subir y las tasas de largo plazo alcanzaron niveles que no se veían hace bastante tiempo. El mercado sigue avanzando, pero el camino se ha vuelto bastante más exigente.

Uno de los principales focos volvió a estar en Medio Oriente. El conflicto entre Estados Unidos e Irán y las nuevas amenazas sobre las rutas de transporte de petróleo impulsaron con fuerza el precio del crudo durante la semana. Esto importa mucho más allá del precio de la energía: un petróleo más caro aumenta los costos de transporte y producción y puede terminar presionando nuevamente la inflación, justo cuando los bancos centrales intentan controlarla.

Esa preocupación se reflejó rápidamente en el mercado de bonos. La tasa del Tesoro estadounidense a 10 años llegó a acercarse al 4,7%, uno de sus niveles más altos de los últimos años. Parte de este movimiento responde al petróleo y al temor de una inflación más persistente, pero también existen dudas sobre el elevado endeudamiento de las principales economías y sobre cuánto tiempo deberán mantenerse las tasas de interés en niveles altos.

A todo esto, se sumó el regreso de los aranceles. Estados Unidos anunció nuevos gravámenes sobre importaciones provenientes de varios países, agregando otra variable al escenario inflacionario. Aunque todavía es difícil saber quién terminará absorbiendo estos mayores costos —productores, importadores o consumidores—, el mercado vuelve a enfrentarse a un escenario donde distintas fuerzas pueden mantener la inflación elevada durante más tiempo del esperado.

Sin embargo, no todas las noticias fueron negativas. La temporada de resultados corporativos sigue mostrando empresas creciendo con fuerza y superando las expectativas. El problema es que el mercado se ha vuelto bastante más exigente, especialmente con las compañías relacionadas con inteligencia artificial. Alphabet fue un buen ejemplo: presentó resultados sólidos, pero el foco de los inversionistas estuvo puesto en el fuerte aumento de las inversiones de capital (CAPEX) necesarias para seguir compitiendo en esta carrera tecnológica. La pregunta que planteábamos la semana pasada sigue plenamente vigente: ya no basta con crecer; ahora también importa cuánto cuesta hacerlo y cuánto tiempo tardará esa inversión en transformarse en utilidad.

Esta semana esa discusión tendrá una prueba todavía mayor. Microsoft, Meta, Amazon y Apple presentarán sus resultados, y el mercado estará atento no solo a cuánto crecieron sus ingresos y utilidades, sino también a cuánto planean seguir invirtiendo, cuál será su CAPEX y qué retorno esperan obtener de esos recursos. Con estas compañías representando una parte importante de los principales índices estadounidenses, sus respuestas pueden marcar el tono de los mercados durante los próximos días.

Y como si esto fuera poco, la Reserva Federal también tendrá su turno. La reunión del miércoles llega en un escenario de incertidumbre poco habitual: el mercado asigna cerca de un 40% de probabilidad a una nueva subida de tasas, por lo que, a diferencia de muchas reuniones anteriores, esta vez la decisión está lejos de estar completamente descontada. De hecho, según Brian Garrett, de Goldman Sachs, esta es una de las pocas reuniones de los últimos años en que el mercado llega con menos de un 80% de confianza respecto de lo que hará la Fed, aumentando considerablemente el espacio para sorpresas.

Parte de esa incertidumbre responde también a un cambio en la forma de comunicar del banco central. Durante la presidencia de Jerome Powell, el mercado solía recibir más señales sobre el rumbo probable de la política monetaria antes de cada reunión. Kevin Warsh, en cambio, ha optado por entregar menos pistas y mantener un mayor margen de decisión hasta conocer los datos. Esto hace que anticipar los próximos movimientos de la Fed sea más difícil y que cada decisión tenga mayor capacidad de sorprender al mercado. Por eso, incluso si finalmente mantiene las tasas sin cambios, el mensaje de Warsh será casi tan importante como la decisión misma.

Será, por tanto, una semana donde varias de las grandes preguntas que han acompañado al mercado durante este año se encontrarán al mismo tiempo. Las empresas deberán demostrar que pueden transformar sus enormes inversiones en resultados, mientras la Reserva Federal deberá navegar entre una economía que sigue resistiendo y riesgos inflacionarios que se niegan a desaparecer. En un mercado acostumbrado a mirar muchas pantallas a la vez, esta semana habrá razones de sobra para no quitarles los ojos de encima. Nos vemos la próxima semana.

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