Vizcaya Weekly

Mal dato, buena noticia

Hay momentos en los mercados en que una mala noticia puede convertirse rápidamente en una buena noticia. La semana pasada tuvimos un buen ejemplo.

Alan Levi
11.8.2026

El mercado laboral estadounidense entregó uno de sus datos más débiles de los últimos meses y, lejos de generar preocupación inmediata, los inversionistas reaccionaron con optimismo. Las bolsas subieron, las tasas de interés retrocedieron y el S&P 500 volvió a alcanzar máximos históricos. La explicación está, una vez más, en la Reserva Federal.

El reporte de empleo de julio sorprendió ampliamente. Mientras el mercado esperaba la creación de cerca de 80.000 nuevos puestos de trabajo, la economía estadounidense destruyó 23.000. A eso se sumaron revisiones a la baja por otros 103.000 empleos durante mayo y junio, confirmando que el mercado laboral viene perdiendo fuerza desde hace algunos meses. Los salarios también mostraron señales de moderación y la participación laboral cayó a su menor nivel en más de cinco años.

A primera vista, nada de esto parece una buena noticia. Sin embargo, para un mercado que venía preocupado por la posibilidad de nuevas alzas de tasas, el dato cambió considerablemente la conversación. Hasta hace pocos días, los inversionistas veían una probabilidad importante de que la Reserva Federal volviera a subir su tasa en septiembre. Después del reporte laboral, esa posibilidad disminuyó con fuerza, pasando de un 60% de probabilidades de un alza a un 40%, y las tasas de los bonos del Tesoro retrocedieron. El Treasury a 10 años cayó cerca de 9 puntos base durante la semana, mientras las bolsas reaccionaron en la dirección contraria.

La razón es relativamente sencilla. El mercado laboral parece haberse enfriado lo suficiente como para quitarle presión a la Reserva Federal, pero todavía no lo suficiente como para hablar de un deterioro importante de la economía. Ese equilibrio, aunque frágil, es justamente lo que hoy celebra el mercado. Una economía que sigue creciendo, pero a un ritmo algo más moderado, reduce la necesidad de continuar endureciendo la política monetaria.

Esto adquiere todavía más importancia después del cambio de estrategia comunicacional que ha implementado la Reserva Federal bajo Kevin Warsh. Como comentábamos la semana pasada, la Fed está entregando menos pistas respecto de sus próximas decisiones y dejando que sean los propios datos económicos los que marquen el camino. El reporte de empleo fue probablemente la primera demostración clara de cómo funcionará esta nueva dinámica: apareció un dato relevante y, en cuestión de horas, el mercado modificó sus expectativas sobre el futuro de las tasas.

El contexto ayudó. El petróleo cayó durante la semana pasada ante nuevos aparentes avances en las conversaciones relacionadas con el estrecho de Ormuz, disminuyendo temporalmente otro de los principales riesgos inflacionarios de los últimos meses, a pesar de que son negociaciones difíciles de creer. Al mismo tiempo, la temporada de resultados corporativos continuó entregando cifras muy sólidas. Con cerca del 90% de las compañías del S&P 500 habiendo reportado, el crecimiento de las utilidades ha sido extraordinario, con las empresas vinculadas directa o indirectamente a la inteligencia artificial nuevamente entre las principales responsables de este desempeño.

La combinación fue suficiente para devolver el apetito por riesgo. El S&P 500 registró su mejor semana desde abril, mientras el Nasdaq volvió a avanzar con fuerza y el sector de semiconductores recuperó parte importante de la corrección sufrida durante julio. Después de varias semanas en que el mercado cuestionó cuánto valor estaban generando las enormes inversiones destinadas a inteligencia artificial, los resultados corporativos entregaron respuestas.

Pero todavía falta una pieza importante. Si el empleo fue el dato que alivió al mercado la semana pasada, esta semana será el turno de la inflación. El miércoles se conocerá el IPC de julio en Estados Unidos y el mercado espera un aumento mensual cercano al 0,1%. Un dato contenido reforzaría la idea de que la Fed puede mantener las tasas sin cambios mientras observa cómo evoluciona la economía. Una sorpresa al alza, en cambio, podría volver a poner sobre la mesa una discusión que el débil reporte laboral parecía haber calmado.

Después de todo, eso es precisamente lo que implica una Reserva Federal que entrega menos pistas: cada nueva cifra tiene la capacidad de cambiar el escenario. La semana pasada habló el empleo y el mercado escuchó con atención. Esta semana será el turno de la inflación. Por ahora, la combinación parece favorable: una economía que pierde algo de velocidad sin detenerse, una inflación que gradualmente se modera y empresas que continúan mostrando buenos resultados. El desafío seguirá siendo el mismo, mantener ese equilibrio.

Nos vemos la próxima semana.

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