La primera semana completa de 2026 dejó un contraste que ya empieza a ser marca registrada, mientras el mundo se movía con tensión en varios frentes, dentro de las pantallas los mercados parecían caminar con paraguas y piloto automático, avanzando sin mirar.
Europa fue el mejor ejemplo, varios índices encadenaron récords en un tono optimista, como si el mercado hubiese decidido empezar el año celebrando, pese a que el contexto geopolítico seguía cargado. En Estados Unidos, en cambio, la sensación fue distinta, más cautela, menos euforia, y un mercado que empezó a moverse desde las tecnológicas de mega capitalización hacia acciones más pequeñas y con sesgo “value”. No fue un cambio brusco, pero sí una señal, cuando las valorizaciones se estiran, el mercado empieza a mirar de reojo alternativas menos exigentes.
El dato que terminó de ordenar la semana fue el empleo en EE. UU creciendo menos de lo esperado en diciembre. La lectura fue la que el mercado habitualmente prefiere, un enfriamiento moderado, sin señal de quiebre. Eso alcanzó para reanimar el apetito por riesgo por poco tiempo, y para sostener la narrativa de que la Reserva Federal puede darse el lujo de esperar. Las tasas se movieron poco, el Treasury a 10 años terminó alrededor de 4,18%, todavía por debajo de la zona del 4,20% que el mercado viene mirando como resistencia.
La situación geopolítica volvió a colarse como telón de fondo dominante. El episodio de Venezuela, tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en Caracas, Washington habló abiertamente de un proceso para estabilizar el país y empujar una transición, con señales tempranas de cooperación del gobierno interino y, de paso, con guiños al mercado energético con ajustes a sanciones y eventuales acuerdos para las exportaciones. Al mismo tiempo, el clima internacional se ha endurecido en general, marcando una dinámica más directa: poder, recursos, tecnología. Ese cambio de clima también se refleja en tendencias de mercado que no parecen “moda” de un trimestre, donde la industria de defensa sigue viviendo una edad dorada y las materias primas vuelven al centro.
Y a esa tensión externa se le sumó una interna, particularmente sensible: el choque entre la Casa Blanca y la Reserva Federal subió de intensidad. Las presiones para recortar tasas se hicieron más explícitas y el conflicto tomó un tono institucionalmente incómodo, con frentes que apuntan directamente al presidente de la FED, Jerome Powell. El punto relevante para mercado es simple, cuando la independencia de un banco central entra en discusión, aunque sea como ruido político, se mueve un pilar que usualmente se da por sentado. Por ahora, el mercado lo ha mirado más como “ruido” que como “cambio de régimen”.
Con ese contexto, esta semana tiene dos hechos que pueden cambiar el pulso rápido. El primero es macro con la inflación de diciembre en Estados Unidos (martes). Si el dato confirma que el proceso desinflacionario sigue su curso, el mercado respirará y reforzará la idea de una Fed paciente, con la próxima baja de tasa hacia mediados de 2026, si sorprende al alza, las tasas pueden volver a tensionarse y la volatilidad aparecer. El segundo hecho es corporativo, donde comienza la temporada de resultados del cuarto trimestre de 2025, con bancos abriendo el calendario en EE. UU. JPMorgan y otros con los primeros reportes relevantes.
Así, el año partió con unas sensaciones contrarias, máximos, por un lado, y un mundo cada vez más áspero por el otro. La pregunta para esta semana no es si habrá noticias, porque habrá, y muchas, sino si esas noticias lograrán sacarle al mercado el piloto automático.