Durante las últimas semanas, el mercado ha recibido lo que venía pidiendo. Señales de que la inflación comenzó a ceder, el mercado laboral perdió algo de fuerza, el consumo mostró señales de moderación y las empresas continuaron entregando buenos resultados.
La respuesta ha sido clara: las bolsas estadounidenses volvieron a alcanzar máximos históricos y el S&P 500 ya comienza a mirar de cerca la barrera de los 8.000 puntos. Sin embargo, cuando tantas cosas parecen estar saliendo bien al mismo tiempo, aparece inevitablemente una nueva pregunta: ¿cuánto de este escenario favorable ya está incorporado en los precios?
La semana pasada volvió a entregar buenas noticias desde el frente inflacionario. El IPC de julio en Estados Unidos aumentó apenas 0,1% durante el mes, mientras que la inflación subyacente continuó moderándose hasta 2,5% anual. A esto se sumó un dato de precios al productor incluso mejor de lo esperado, reforzando la idea optimista de que las presiones inflacionarias siguen perdiendo fuerza. Después de varios meses en que el principal temor era que la Reserva Federal tuviera que subir las tasas, ese riesgo parece haberse reducido considerablemente.
Pero la inflación no es lo único que se está moderando. A esto se suma el débil reporte de empleo que conocimos la semana anterior, cuando la economía estadounidense destruyó 23.000 puestos de trabajo. Por ahora, el mercado interpreta esta combinación de manera positiva: la economía se está enfriando lo suficiente como para reducir la presión sobre la Fed, pero todavía no existen señales claras de una desaceleración severa. Esa lectura llevó la probabilidad de una nueva subida de tasas en la próxima reunión de la Fed en septiembre desde niveles superiores al 60% hace algunas semanas hasta cerca de 30% actualmente.
El resultado ha sido un escenario particularmente favorable para las acciones. El S&P 500 completó su tercera semana consecutiva al alza y volvió a marcar máximos históricos, mientras la volatilidad se mantiene en niveles controlados. Además, la fortaleza no proviene únicamente de expectativas sobre las tasas. La temporada de resultados corporativos está llegando a su fin con un balance extraordinariamente positivo y las compañías vinculadas a tecnología e inteligencia artificial siguen siendo uno de los principales motores del crecimiento de las utilidades.
Sin embargo, hay una parte del mercado que parece contar una historia algo diferente: los bonos de largo plazo. Si la inflación está moderándose y cada vez son menos los inversionistas que esperan una nueva subida de la Fed, sería razonable pensar que las tasas deberían estar cayendo con fuerza. Pero eso no está ocurriendo. El Treasury a 10 años continúa cerca de 4,7%, mientras que las tasas de plazos aún mayores permanecen en niveles que no se observaban hace muchos años.
La explicación está en que no todas las tasas dependen exclusivamente de lo que haga la Reserva Federal. En el corto plazo, la Fed puede decidir mantener su tasa sin cambios, pero un inversionista que presta dinero al gobierno estadounidense durante 10, 20 o 30 años también debe considerar otras variables: el elevado déficit fiscal, la creciente emisión de deuda y el riesgo de que la inflación vuelva a aparecer durante ese período. Por eso, mientras el mercado reduce sus expectativas de nuevas alzas de la Fed, continúa exigiendo retornos elevados para comprometer capital durante muchos años. Es una diferencia importante y probablemente será uno de los temas que habrá que seguir de cerca durante los próximos meses.
Esta semana el foco cambiará desde la inflación hacia la actividad y el consumo. Los resultados de Walmart, Target, entre otros, permitirán conocer de primera fuente cómo se está comportando el consumidor estadounidense. Al mismo tiempo, las minutas de la última reunión de la Reserva Federal y nuevos indicadores de actividad entregarán más piezas para entender el escenario antes de Jackson Hole, encuentro anual organizado por la Reserva Federal de Kansas City, donde los principales banqueros centrales del mundo se reúnen para discutir las perspectivas económicas y entregar señales sobre el futuro de la política monetaria.
El mercado parece encontrarse, por ahora, en un punto cómodo, donde pareciera que la inflación cede, la economía pierde algo de velocidad, pero sin detenerse y las utilidades continúan creciendo. El problema es que mientras más suben los mercados, más exigente se vuelve ese equilibrio. Llegar cerca de los 8.000 puntos es una señal de todo lo que ha funcionado hasta ahora; mantenerse ahí dependerá de que las próximas noticias sigan acompañando. Porque cuando las expectativas están altas, el desafío deja de ser simplemente entregar buenas noticias, hay que seguir superándolas.
Nos vemos la próxima semana.