Vizcaya Weekly

Tregua pendiente

La semana pasada comenzó con un tono constructivo, apoyado por buenos datos macro en Estados Unidos y la expectativa de una posible desescalada del conflicto en Medio Oriente.

Alan Levi
7.4.2026

Sin embargo, terminó transformándose nuevamente en un escenario de alta incertidumbre, donde el mercado quedó atrapado entre avances puntuales y riesgos que siguen latentes.

El punto de partida fue positivo. Los datos en Estados Unidos sorprendieron, con una creación de empleo sólida y cifras de consumo que mostraron resiliencia. A eso se sumó una mejora en la confianza del consumidor, reforzando la idea de que la economía sigue siendo dinámica y capaz de absorber shocks en el corto plazo. Este telón de fondo permitió un rebote relevante en los activos de riesgo, con las bolsas globales recuperando terreno luego de varias semanas consecutivas de caídas.

Sin embargo, ese impulso rápidamente empezó a mostrar fragilidad. El foco volvió a estar casi exclusivamente en el conflicto entre Estados Unidos e Irán, donde las señales han sido, en el mejor de los casos, contradictorias. Por un lado, aparecieron indicios de negociación y versiones de posibles acuerdos parciales, pero por otro, el discurso del presidente Donald Trump volvió a endurecer el tono, dejando claro que el conflicto está lejos de una resolución inmediata.

De esta forma, el verdadero termómetro del mercado no son las bolsas, sino el petróleo. El crudo se ha mantenido por sobre los 110 dólares el barril, reflejando no solo el riesgo de interrupciones en la oferta, sino también la incertidumbre sobre cuánto tiempo puede prolongarse este escenario. Y ahí está el principal problema: mientras el petróleo siga en estos niveles, el shock deja de ser transitorio y comienza a transformarse en una presión más estructural sobre la inflación y, por ende, sobre la política monetaria.

En ese contexto, el mensaje de Jerome Powell, presidente de la Fed, fue particularmente relevante. La Reserva Federal ha sido clara en que este tipo de shocks no se combaten directamente con política monetaria, siempre que las expectativas de inflación se mantengan ancladas. Eso ha permitido que las tasas retrocedan en el margen y que el mercado vuelva a incorporar un escenario algo más benigno, pero con una advertencia importante: si estos shocks se repiten o se prolongan, el riesgo inflacionario podría reabrirse.

Con todo esto, el mercado quedó sin dirección clara. Por un lado, hay fundamentos macro que siguen sosteniendo el crecimiento y permiten cierto apetito por riesgo. Por otro, hay un frente geopolítico que no solo no se resuelve, sino que sigue escalando. Esa combinación explica por qué la volatilidad, si bien ha bajado desde los peaks recientes, sigue en niveles elevados y por qué los movimientos del mercado siguen siendo erráticos.

De cara a esta semana, el foco vuelve a girar hacia la inflación. En Estados Unidos se publicará el dato de marzo, en un contexto donde el mercado necesita confirmar que el impacto del petróleo sigue siendo transitorio. Esta será probablemente la próxima gran prueba: validar el escenario actual de tasas o reabrir la discusión sobre un entorno de tasas más altas por más tiempo. En paralelo, el conflicto en Medio Oriente seguirá marcando el pulso del mercado, donde cada titular puede volver a cambiar el ánimo en cuestión de horas.

Mientras la economía global mantenga este dinamismo y las expectativas de inflación permanezcan contenidas, los episodios de corrección podrían seguir siendo oportunidades más que amenazas. El desafío ahora será que el frente geopolítico acompañe y permita consolidar este mejor tono, en un mercado que sigue buscando señales más claras para avanzar.

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